martes, 7 de agosto de 2007

GIUSEPPE DE LIGUORO: L' INFERNO (1911)


En el anterior artículo analizamos La Odisea (1911), una obra muy celebrada de Milano Films y de Giuseppe De Liguoro, actor y director artístico de la cinta. Más célebre aún, y más ambiciosa, fue otro de sus títulos estrenados ese mismo año, concretamente en marzo en un cine de Nápoles, L'Inferno, obra que adapta una de las partes de la Divina Comedia de Dante. A falta de ritmo, del que carece (por lo menos para un espectador actual) la película es un despliegue de escenas oníricas y fantásticas, estampas de indudable encanto, con acertados (no siempre) trucajes, que acompañan el descenso al Infierno del poeta Dante y su guía, el también poeta Virgilio.

En la mitad de su vida, a Dante se le cruzan en el camino una pantera (simboliza la lujuria), un león (el orgullo) y una loba (la avaricia). Ello le lleva a Dante a considerarse un pecador y a querer librarse de sus pecados. El poeta Virgilio acepta el encargo de conducirle hacia la virtud, requerido por la amada de Dante, Beatriz. El Infierno está compuesto de varios círculos, por los que Dante y Virgilio descienden, encontrándese en cada uno de los círculos con pecadores de diversa índole y personalidades conocidas en cada una de ellas. Algunos, como la pareja de enamorados, Paolo y Francesca, o el conde Ugolino, les cuentan sus historias particulares, algo que contribuye a abandonar brevemente los escenarios habituales en los que transcurre la película: montañas, lagos con masas de hombres y mujeres semidesnudos, diablos, gigantes que custodian su círculo, atmósferas de humo y seres que flotan en el aire. La película combina bien los escenarios naturales (buena parte de las escenas de paseo de Dante y Virgilio por paisajes montañosos) con los de cartón piedra o los construidos mediante la superposición de imágenes en un solo plano (principalmente cuando aparece un gigante). Finalmente, tras un largo viaje (la película dura algo más de una hora, algo no muy habitual en la época), Dante y Virgilio ven el cielo y las estrellas, en un hermoso plano que resalta sus siluetas y el contorno de una apertura en la roca.


Algunas de las imágenes más sugerentes de la película son el encuentro entre Beatriz y Virgilio (ella tiene una especie de ventilador de luz detrás de su cabeza); la aparición de Virgilio a Dante (donde se juega con el contraste entre la túnica blanca de Virgilio y el atuendo negro de Dante); la aparición de los diversos guardianes de los círculos; la presencia alada de los amantes Paolo y Francesca para relatar su historia; el apresamiento de los poetas por los diablos alados; el desfile de mutilados, especialmente uno de ellos, decapitado, que levanta su cabeza con una mano; el suelo helado poblado de cabezas, como plantadas en baldosas, donde aparece el conde Ugolino para contar su historia y donde, además, situado al fondo del plano, Lúcifer devora a un infeliz. Este último motivo, ampliado casi al final de la película, representa la imagen más recordada de la cinta, la que se suele representar en portadas de DVD y demás difusiones del título de De Liguoro. Véanse en el siguiente enlace (http://www.linferno.com/gallery.htm) algunas de las imágenes de las que hemos hablado en este párrafo.


Lúcifer está interpretado por Augusto Milla, mientras que Salvatore Papa encarna a Dante y Arturo Pirovano a Virgilio. De Liguoro, junto a su labor en la dirección, compartida con Francesco Bertolini y Arturo Padovan (como ocurría en La Odisea), se hace cargo de la interpretación de algunos de los personajes que los poetas encuentran a su paso, especialmente el del conde Ugolino. No son precisamente grandes interpretaciones, aunque por lo menos no hay aquí la afectación de los actores del Film d'Art. Pero resulta bastante obvio que los actores están en esta cinta muy supeditados a los escenarios, son poco más que figuras dentro de ellos. Es, por tanto, fundamental, tal como hicimos en La Odisea, destacar la labor en la fotografía y en los efectos de Emilio Roncarolo, pues, insistimos, es una película que se disfruta más como una sucesión de imágenes atractivas que como una película de trama convencional. Al fin y al cabo, es la adaptación de un poema.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Adelante, amigo crítico, los que te leemos, admiramos tu ritmo...

Hatt dijo...

A mi me gustó, precisamente por lo visual, aunque la presencia de Tangerine Dream como música en la copia que pude ver no le pegaba demasiado...

Manuel Antonio Fernández Reinón dijo...

A mí me gustó, de hecho es de los mejores largometrajes tempraneros que he visto (dos primeras décadas del siglo). Es un alarde estético e imaginativo. Además, la música de Tangerine Dream no me disgustó, había momentos en los que quedaba bastante bien.