sábado, 15 de marzo de 2008

CHAPLIN EN IMÁGENES II: VISITA A LA EXPOSICIÓN


En un post anterior (aprovecho para disculparme por la demora en publicar) anuncié la presencia en Barcelona (que más tarde viajará a otras latitudes españolas) de una exposición sobre Chaplin, con fotografías, fragmentos de películas y otros materiales diversos. Ya dije que tenía pendiente una visita personal a esa exposición, visita que finalmente he podido realizar y de la que aquí ofrezco una pequeña descripción y valoración.

Para quien está familiarizado con las ediciones que Mk2 lanzó hace tiempo en el mercado en DVD de las películas en Chaplin (editadas en un estuche blanco y una tipografía atractiva) y con los suculentos extras que incluían los DVD de acompañamiento, esta exposición no le reportará demasiados materiales estrictamente inéditos. Están aquí documentos como las películas amateur que Chaplin hacía entre su familia y amistades, ya en sus últimos años en Suiza, o las que realizaba en los rodajes, como una titulada How to Make Movies (1918), que aparecía en el DVD de El chico. También documentos curiosos como unos minutos en color del rodaje de la escena del baile en El gran dictador. Para quienes hayan visto estos materiales sí que son novedosos el conjunto de portadas de revistas de varias décadas y de diversos puntos del globo en el que se documenta la muy temprana popularidad y universalización del mito. También su influencia en otros artistas y en otras manifestaciones populares, como los pequeños tesoros expuestos en vitrinas procedentes de la colección suiza que custodia el legado personal del artista. Resultan entrañables también algunos montajes de fotogramas y rótulos en pequeño formato, presentados como si fueran un cómic en blanco y negro.


Lo mejor de la exposición es la forma de presentar los materiales, agrupándolos en aspectos que ayudan a reflexionar sobre su arte y sobre su influencia. Desde los elementos que ayudan a configurar su personaje (el bombín, el bigote, el bastón...) o la imitación (cuando no el plagio) que algunos coetáneos hacen de él hasta los motivos de su universalización; también aparecen aspectos de su técnica actoral, su trabajo con los gestos y con las coreografías (aspecto este último que está representado con la proyección simultánea en tres pantallas gigantes de fragmentos de pequeñas películas), hasta su labor de director y en especial su relación con la política (especialmente la caza de brujas y el exilio) y con la irrupción del sonido. Su defensa del cine mudo y su escepticismo frente al cine hablado está representado en una sala con la proyección del número de Tiempos modernos en que Charlot tiene que improvisar una canción, cuya letra hecha con palabras de diversos idiomas, cuando son palabras reales, el visitante de la exposición puede leer en un panel lateral.

Quizá sabe a poco su recorrido, que a veces pierde la linealidad cronológica, pero sin duda da pinceladas didácticas y entretenidas sobre los aspectos más interesantes de Chaplin.

3 comentarios:

LadyM dijo...

Sobre la escena q mencionas en la q Chaplin habla en diferentes lenguas y la mayoría de las veces con palabras simplemente inventadas... para mí es una clara crítica al incipiente cine sonoro. Chaplin demuestra q la palabra no es necesaria para su arte, la prueba es q resulta una escena tronxante en la q literalmente no dice nada.
Memorable.

Antonio Belmonte dijo...

Sí, memorable y gracias por tu contribución. Aunque quiero matizar eso de "crítica al incipiente sonoro", porque lo que critica es el "cine hablado", distinción en la que me gusta insistir y que aquí tiene mucho más sentido incluso defenderlo. Chaplin y otros reticentes a la incorporación del sonoro no se muestran adversos a la posibilidad de incorporar el sonido, pues de hecho ya lo hacían en sala con música de acompañamiento y efectos de sonido en directo. Lo que detestan son las "talkies", las palabras "habladas", no las "sonoras". En películas como "Tiempos modernos" y "Luces de la ciudad" introdujo parlamentos absurdos para burlarse de las películas habladas, pero acompañó con deliberados efectos sonoros para completar algunos gags, sin olvidar el gusto de Chaplin por controlar las melodías, componiéndolas o adaptándolas, de sus bandas sonoras.

WORKROOMFILMS dijo...

Además de que obviamente la entrada del sonoro y por tanto lo hablado, le pilla a medio camino al personaje de Charlot. Hacerle hablar sería absurdo. Sería negarle.
Ya con otras personajes, menos sometidos a la pantominia, habla, y de qué manera.
Las burlas al talkies en el cine de chaplin son variadas.
No solo el final de tiempos modernos.
El inicio de Luces de ciudad con el discurso en el que descubren una estatua. O el primer discurso de Hynckel, con sus exabruptos que no significan nada y con las traducciones de por medio.
Saludos/gran blog