viernes, 1 de junio de 2007

LA NORDISK DOCUMENTAL


En el anterior artículo del blog hacíamos referencia al trabajo del primer cineasta danés, Peter Elfelt, como cronista de la actividad política (especialmente en cuanto a los eventos solemnes de la familia real) y de la cultural, y de su monopolio de este tipo de obras hasta 1906. Ese año, con motivo del seguimiento del funeral de Cristian IX y la proclamación como nuevo rey danés de Federico VIII, irrumpe una seria competencia para Elfelt, la Nordisk y sus realizadores, cuyos trabajos también aparecen en el DVD comentado en el anterior artículo.

Ya desde el seguimiento de los citados eventos se aprecian diferencias entre las formas de trabajar de Elfelt y la Nordisk. El primero, que tiene en su labor de cineasta una prolongación de su tarea como fotógrafo de la Casa Real, está mucho más preocupado por plasmar los eventos en sí, desde la perspectiva que ha conseguido, no siempre la más acertada. La Nordisk, en cambio, que intenta conquistar el mercado local, con documentales y películas de ficción, mira más a la taquilla, se preocupa también del entorno de los eventos, de la expectación que despiertan y de los innumerables personajes anónimos que acompañan a los funerales, las celebraciones y las visitas reales o que transitan y realizan su vida cotidiana en Copenhague. A grandes trazos, a sabiendas de que no es totalmente verdad, el punto de vista de Elfelt sería más elitista y el de la Nordisk más populista.

La proclamación de Federico VIII como monarca y su salida al balcón estaba recogida en Elfelt desde un balcón lateral y a una distancia casi inapreciable. En el documento rodado por la Nordisk, la cámara se sitúa a un lado de la multitud agolpada en el patio: la escena sirve para retratar la expectación generada por la salida del nuevo monarca y también cubre más de cerca esa salida. Además ofrece una perspectiva de los edificios colindantes, donde a lo lejos se divisa una ventana abierta. Seguramente desde allí Elfelt estaría rodando su obra. Otro detalle, en apariencia menor, es la presencia de un perrito que aparece y desaparece ante la cámara. Sería una simple anécdota, si no fuese porque vuelve a salir en el documento rodado con motivo del funeral de Cristian IX y en otros documentos recogidos en la antología. Aporta un toque de humor y contribuye a esa atmósfera de veracidad y cercanía a la calle que quería adoptar como seña de identidad la Nordisk. El documento sobre el funeral de la Cristian IX, que también alcanzó un éxito de público inmediato, ahonda sobre todo en esta perspectiva populista, que a la vez sirve de homenaje al difunto monarca, al dar testimonio del cariño profesado por sus súbditos. Este trabajo es de una gran belleza lumínica, ayudado por el encanto de una Copenhague que tiene en sus calles todavía rastros de una reciente nevada.

Ese mismo año, 1906, vemos en un documento dedicado a la coronación de Haakon VII de Noruega un eficaz travelling hacia adelante por las calles de la ciudad siguiendo el trazado del tranvía, travelling que queda interrumpido de forma brusca en su parte final. En el documento dedicado a la visita del rey Federico VIII a Aarhus un travelling similar, pero más extenso y dinámico, recorre las calles y su transcurrir vital, mientras algunos niños tratan de seguir a la carrera, y de forma paralela, el trayecto de esta cámara viajera. Esta misma secuencia será recogida un año después en un tour filmado por Copenhague, montado a través de un collage de fotogramas de trabajos anteriores, cuyo visionado da una idea por sí sola de toda la estrategia de la Nordisk en su labor documental: desfiles a pie de calle, multitudes ante eventos, espectadores mirando curiosos a la cámara, escenas de la vida cotidiana (actividad en los astilleros, en el mercado de abastos) y hasta el perrito.

La curiosidad de los espectadores ante la cámara y su esfuerzos por aparecer, incluso cuando el objetivo se aparta de ellos, queda patente en muchos documentos, pero dos de ellos resultan especialmente graciosos en este sentido. En uno dedicado a la fiesta anual para recaudar fondos para la infancia, en el transcurso del desfile de carrozas de asociaciones benéficas, algunos niños vestidos de marinerito, de espaldas al evento, no dudan en pegar grandes saltos, creyendo que la cámara no los distingue lo suficiente. Algunos adultos, sin llegar a ese extremo, también muestran su interés en ser retratados. No tanto como el que tienen, en un documento de 1908, en principio dedicado a cubrir una huelga, la mayoría de los que aparecen ante la cámara. Más que el seguimiento de la huelga, es un homenaje en mayúsculas a los espectadores curiosos, entre los que destaca uno que llega a posar ante la cámara y se distrae tanto en ese ejercicio que está a punto de derribar a la mujer que le acompaña.

La relación entre evento y espectador lleva en ocasiones a rudimentos de montaje, como en un corto dedicado a la visita de Federico VIII a la actual Oslo. Se establece un mínimo juego de plano-contraplano entre un grupo de soldados, situados en el patio, y unas enfermeras muy interesadas en ellos, que los divisan desde una pequeña ventana. Breve pero significativo momento cinematográfico. Otras muestras de la relación entre evento y entorno, y de la preocupación de la Nordisk por el segundo para dar mayor relieve al primero, se dan en algunos documentos dedicados a visitas, donde primero se muestra el escenario (un embarcadero vacío, la profundidad de una calle con una multitud esperando) y luego la visita de las autoridades. Uno de los cortos, de 1906, empieza con la cámara siguiendo a un hombre con bombín y paraguas, que avanza paralelo a un grupo de personas que están esperando a la llegada en barco de la zarina María, de origen danés, al puerto de Copenhague. No parece un recurso gratuito e incluso la forma que tiene de desaparecer ese ciudadano anónimo, un poco forzada, revela complicidad con el cámara para rodar de esa manera la escena.

Junto a eventos solemnes y fiestas populares, aparecen otros cortos dedicados a celebrar la llegada de héroes nacionales (expedicionarios, científicos) y a mostrar novedades de la tecnología, especialmente la incipiente aviación, con las pruebas de vuelo de una rudimentaria nave o el imponente trayecto por la línea del horizonte de Copenhague de un largo zepelín, en unos de los documentos con más bellos planos de los recopilados en el DVD. Éste también ofrece un curioso corto sobre la actividad ganadera y agrícola en Dinamarca, rara avis en el género documental del país en esos momentos, con los cineastas mucho más preocupados por la vida capitalina y los eventos sociales multitudinarios.

Hablando de curiosidades, entre las multitudes agolpadas en los diversos eventos van apareciendo cineastas con trípodes, fotógrafos con cámara en mano y periodistas con cuaderno de notas. En uno de los cortos, un joven periodista con gorro busca la mejor colocación, junto a unos botes, para escuchar las palabras del Dr. Cook, descubridor del Polo Ártico. Ese periodista, entonces anónimo, según lo que recogen las notas del DVD, será más tarde el cineasta danés más internacional: Carl Th. Dreyer. El reconocimiento de celebridades y su valor como documento histórico pueden ser razones para acercarse al trabajo de los pioneros, aunque no tan importantes como la de aprender cómo cineastas que no tenían demasiadas referencias cinematográficas intentaban desarrollar elementos narrativos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias,estoy trabajando sobre el periodo 1900-1920 en chile y me aparece a cada rato el cinecomo uub fenomeno nuevo en la vida de la gente,este es mi primer acercamiento y me ha sido de gran ayuda.seguire buscano sobre asta nielsen ,perla white y otros que en esa epoca eran idolos.chao

Antonio Belmonte dijo...

Uf, hacía tiempo que no revisaba los comentarios. Ya me informarás de tus trabajos en cuanto al espectador y el cine, porque es un tema que me interesa mucho.